No siento, ya no lo siento
Veo a través del cristal empañado de mis lágrimas mecánicas, abalanzarse sobre mí tu furia de macho reprimido, y sólo escucho la voz en off de un dolor sordo repetido hasta la angustia.
Porque angustia sí siento mientras dejas tus complejos en mi cuerpo, tan desgarrado ya que no es si no una inmensa cicatriz, continuación de la que yace aún más dentro, en mi amor propio, en mi autoestima, en mi sensibilidad.
Ya ni respiro para que no te alteres, para que no te ofendas. Y eso quisiera. Dejar de respirar, que una de tus palizas sea la última y que pueda por fin volver a ser aquella que fui cuando decías amarme, pero lejos de ti y lejos de esta piel que me recuerda que en esta vida nunca volveré a ser ella.
Lo sé, podría tratar de parar esto, pero el terror me paraliza a mí, el sentimiento de culpa me lo impide, la sensación de derrota no me deja más opciones que desear morirme. Y me deshago en preguntas y mi cabeza es una papilla de seso y el dolor es tan agudo que aunque consiguiera alejarme de ti y no volver a sufrir otra brutal de tus palizas, por dentro estoy tan, tan rota, tan vencida, tan caduca, que sólo quiero cerrar los ojos y no abrirlos nunca más.
Te miro. Veo como tus labios articulan palabras que no escucho, que retumban en mi corazón hastiado y abatido. Seguro que me reprochas tus faltas, mientras dejas caer una lluvia de hostias y de insultos sobre esta carne lacerada, que ya no refleja mi edad, sólo tus abusos y la pobreza de tu espíritu.
Eso me digo a veces en voz muy bajita y para dentro, a ver si por fin me decido a dejar de castigarme yo también. Que eres pobre en todos los sentidos, que tus complejos se convierten en vejaciones, que tu sentimiento de inferioridad te obliga a rebajarme a saco de púgil, a vertedero de calumnias y humillaciones.
Pero de momento nada consigo. La otra voz, esa que siento multiplicada y ensordecedora, me repite constante que soy yo la culpable, que me lo merezco, que yo lo provoco, que no soy nada, nadie.
Sabes? Ya las lágrimas son acto reflejo. Sólo eso. Reacción sin emoción a tus puñetazos, tus patadas, tus insultos, tus violaciones continuadas…
Lagrimas de sangre, la que escupo por mi quebrada boca, esa que después coagula en mis muslos, mi abdomen, mis pechos, mi sexo…
Te odio. Pero me odio más a mí, y no sé cómo parar este sentimiento injusto que me profeso.
No tengo valor ni para morirme. Deseo en cada paliza que se acabe. Que mi vida se acabe.
“Amor mío”
Amor mío, estoy tan acabada… tan hundida… la tristeza me anega los sentidos… Soy la mujer más triste de la tierra… el dolor me anestesia el alma… soy la mujer mas dolorida de la tierra…
“Amor mío”
Amor mío, después enciendo el televisor y compruebo que no es cierto, que no soy la única que otras han encontrado la muerte o peor que eso, una muerte en vida aún mas atroz que la mía.
“Amor mío”
Amor mío, he descolgado el teléfono, he marcado los tres números, no he respondido a su voz. Así he pasado toda la mañana… hasta que has regresado, y la carne no estaba a tu gusto. Y te has servido un plato que te apetecía más. Mi cuerpo. Me has tumbado a puñetazos, me has arrastrado del pelo por la casa, me has hundido las uñas en el vientre mientras me decías puta zorra de mierda inútil asquerosa. Te has abierto camino entre mis piernas a rodillazos y me has penetrado mientras golpeabas con deleite mi cabeza contra el suelo.
Yo no he llorado, amor mío. No era yo. Era sólo el reflejo. No ha salido ni un gemido de mis labios. No era yo, sólo el reflejo. Sin oponer resistencia te he dejado descargar tu miserable existencia sobre las ruinas de la mía.
Has terminado. Te has ido. Me he arrastrado hasta el espejo. Y te he visto. A ti. No era yo. Sólo el reflejo.
De nuevo he descolgado. De nuevo he marcado. Y desde mi balbuceo, por fin me he escuchado decir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad
Ya no hay dolor mi amor. Hay una herida inmensa como el cosmos. Pero tú ya no estás para volver a abrirla. No estarás más
Ni yo. Yo no volveré a ser yo
Pero tal vez pueda reconstruir otra imagen de mi misma.
Estoy viva.
Y no hay nada imposible después del infierno