miércoles, 11 de febrero de 2009


Abriré todos los sentidos al frágil silencio de esta noche y trataré de recordar la última vez que amé con desgarradora dicha.

En estos momentos en que la vida no me deja otra opción que la de mecerme en su ruidosa soledad de tedio compartido sin quererlo, se me vienen sentimientos enfrentados con una calma que da miedo de tan desconocida.

Siento una tristeza sorda aderezada con días de sol.
Un lento pasar de las horas sin más, con inusitada paz, como al margen de toda esta histeria colectiva en la que se convierte el mundo, pero dentro, demasiado dentro de él.

Continua contradicción, todo en un plano difícil de alcanzar, de tan profundo, de tan callado.
Tengo miedo y no lo tengo, disfruto de esos momentos en que somos mi soledad y yo, pero me atenaza el dolor de la ausencia, comienzo a amarme y ya no puedo amar, ya no me aman, o no sé que lo hacen, no sé cómo lo hacen, mis lágrimas se mezclan con el agua que limpia mis sentidos, mis sentidos no están a la altura de las circunstancias, las circunstancias me impiden sentir.

Está todo. Todo aquí dentro. Como al vacío. Cauterizados todos los puntos susceptibles.

De vez en cuando se me salta un punto y entonces, no queda más remedio que volver a coser.



34 y me sorprendo de sorprenderme.

Aún hay vida más allá de las fronteras de mi antigua tristeza.

viernes, 6 de febrero de 2009



De pronto, absurdos intentos fallidos de escarbar aquí, dentro de mi aparato emocional, en un momento de sequía anímica, en el que tanto me da si voy o vengo.

Sólo un profundo cabreo.

Pero no sé con quién.

O mejor.

Con casi todo.

Ni esta recién adquirida costumbre de suspirar profundo y contar hasta cien... Nada surte efecto de momento.

Pero no desfallezcamos.

Seguro.

Seguro que un día me levanto y el sol me ciega de dicha.

Una simple, tonta, pequeña, pero plena dicha.

Porque ahora más que nunca, creo en el dios de las pequeñas cosas.

jueves, 5 de febrero de 2009

La vida no me deja réplica en estos momentos