De pronto, absurdos intentos fallidos de escarbar aquí, dentro de mi aparato emocional, en un momento de sequía anímica, en el que tanto me da si voy o vengo.
Sólo un profundo cabreo.
Pero no sé con quién.
O mejor.
Con casi todo.
Ni esta recién adquirida costumbre de suspirar profundo y contar hasta cien... Nada surte efecto de momento.
Pero no desfallezcamos.
Seguro.
Seguro que un día me levanto y el sol me ciega de dicha.
Una simple, tonta, pequeña, pero plena dicha.
Porque ahora más que nunca, creo en el dios de las pequeñas cosas.
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