miércoles, 6 de agosto de 2008

En estos días me han visitado
un par de fantasmas de un
no muy lejano pasado.

Cada uno con su propia diarrea
mental, y con aspiraciones
merecedoras del título de
obtusas





Por lo general la gente que te pide que olvides lo ocurrido, que te pide que pases página o incluso, que la borres y finjas que nada ha sucedido, que volváis a estar como estabais… por lo general esa gente pide semejantes “nimiedades”, porque es él (o ella) la causa y no el recipiente. Muy probablemente si la situación fuera la inversa, el discurso sería otro: “cuánto daño me has hecho!” “qué crueldad!” “Nunca te lo perdonaré!” “esto no se me olvida!”… que viene a ser más o menos el interno discursillo que yo me pronuncio, diciendo en voz alta alguna que otra frasecilla de reproche para que quede constancia.

Te piden que olvides, y yo me pregunto: Se le puede olvidar a uno el café del desayuno, o qué has comido a medio día? Hay alguien que se haya tomado un trago de mata ratas hace una hora y se le haya pasado el efecto? (digo, si es que sigue vivo)

Luego rallan el límite de lo absurdo cuando te piden que estéis como antes.

Pero, mierda! Si de allí vengo y he salido por patas, cómo se te ocurre que quiera volver?

En cualquier caso, insisto, eso es sólo porque ven las cosas desde el otro lado de la barrera.
Son la mala hierba y tú el tiesto que ha tenido que aguantar que te invadieran.







Yo, que tantas veces me he
encontrado en el papel de tiesto,
he decidido hoy o ayer o mañana,
que salto del macetero, y me voy de juerga.









Y, evocando a una sabia de la teoría emocional(espero que también de la práctica, si no, vamos mal) me dispongo a convertirme en feeling’s recycler.

Empezaré si no os importa, conmigo misma

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