Pequeñas grandes anécdotas.
Agosto cada vez más hueco, si no es por esos encuentros que sólo pueden pasar en momentos así, de vacíos oceánicos, o que en cualquier caso, se aprecian más, hasta el último detalle de su insignificancia, de todo su sentido.
El tiempo en su elasticidad te pasea por cada rincón de estos pequeños e intensos lapsos en los que ocurre todo al unísono
Imágenes, olores, sabores, tactos, risas mezcladas en el sudor de las horas vespertinas, en las que el silencio inunda la ciudad, prolegómeno de una pequeña ebullición nocturna, donde los pocos seres que quedan atrapados en ella, se entregan a la tregua de calor que les brinda la luna.
Agosto de gran urbe estancada en un impas donde no hay sitio para la prisa, y el mar impone su vals de verano y sol y solaz.
Una cervecita fría recuperando rostros de ayer, descubriendo miradas de mañana, viviendo cada minuto de este presente sin prisa pero sin pausa. Sintiendo la leve brisa del otro lado de la ciudad antigua, mágica, efervescente… recorriendo el anecdotario popular o arrastrando silencios repletos de sensaciones… todo impregnado del verano que se arrastra hacia su fin.
Encuentros furtivos de quien no se vuelve a ver, historias que duran lo que el sol calienta, amores que nacen en la arena y el mar, y se los lleva una ola en un anochecer.
“Ayer te metiste en mi vida, yo te abrí la puerta y tú me abriste el alma. Desgarraste con ternura de titán mi timidez, suave pero firme en tu rapto, deshojando con tu aliento mi piel. Mezclaste sabio el placer de la risa con el deseo, profundo en tu caricia, travieso como un niño en un juego de cuerpos, nuestros cuerpos de agosto de sopor, empapados de sudor y ganas. Los nervios nos traicionaron por turnos. La experiencia y el ansia nos unieron en uno. Mujer y niña salieron a tu encuentro sin tapujos. Hombre y niño me acogieron para surcar el paisaje del amor, transitorio o eterno, no importaba.
Ayer no tuve miedo. En el sueño de una noche de verano fui Titania y tú mi pícaro Puck. Después te dormiste de embeleso. Yo me embarqué en tu sueño…
Hoy ya no soy Titania. Hoy sí tengo miedo”
Agosto pasa impasible a nuestras zozobras. Impasible, lento, a veces cruel para aquellos que quedamos presos de la gran urbe. Pero nos da el milagro del tiempo para multiplicar. Panes, peces, emociones, experiencias, vidas, corazones….
Agosto cada vez más hueco, si no es por esos encuentros que sólo pueden pasar en momentos así, de vacíos oceánicos, o que en cualquier caso, se aprecian más, hasta el último detalle de su insignificancia, de todo su sentido.
El tiempo en su elasticidad te pasea por cada rincón de estos pequeños e intensos lapsos en los que ocurre todo al unísono
Imágenes, olores, sabores, tactos, risas mezcladas en el sudor de las horas vespertinas, en las que el silencio inunda la ciudad, prolegómeno de una pequeña ebullición nocturna, donde los pocos seres que quedan atrapados en ella, se entregan a la tregua de calor que les brinda la luna.
Agosto de gran urbe estancada en un impas donde no hay sitio para la prisa, y el mar impone su vals de verano y sol y solaz.
Una cervecita fría recuperando rostros de ayer, descubriendo miradas de mañana, viviendo cada minuto de este presente sin prisa pero sin pausa. Sintiendo la leve brisa del otro lado de la ciudad antigua, mágica, efervescente… recorriendo el anecdotario popular o arrastrando silencios repletos de sensaciones… todo impregnado del verano que se arrastra hacia su fin.
Encuentros furtivos de quien no se vuelve a ver, historias que duran lo que el sol calienta, amores que nacen en la arena y el mar, y se los lleva una ola en un anochecer.
“Ayer te metiste en mi vida, yo te abrí la puerta y tú me abriste el alma. Desgarraste con ternura de titán mi timidez, suave pero firme en tu rapto, deshojando con tu aliento mi piel. Mezclaste sabio el placer de la risa con el deseo, profundo en tu caricia, travieso como un niño en un juego de cuerpos, nuestros cuerpos de agosto de sopor, empapados de sudor y ganas. Los nervios nos traicionaron por turnos. La experiencia y el ansia nos unieron en uno. Mujer y niña salieron a tu encuentro sin tapujos. Hombre y niño me acogieron para surcar el paisaje del amor, transitorio o eterno, no importaba.
Ayer no tuve miedo. En el sueño de una noche de verano fui Titania y tú mi pícaro Puck. Después te dormiste de embeleso. Yo me embarqué en tu sueño…
Hoy ya no soy Titania. Hoy sí tengo miedo”
Agosto pasa impasible a nuestras zozobras. Impasible, lento, a veces cruel para aquellos que quedamos presos de la gran urbe. Pero nos da el milagro del tiempo para multiplicar. Panes, peces, emociones, experiencias, vidas, corazones….
2 comentarios:
No hay nada que temer..., pues nada pasó. Para mi sigues siendo la Titania del sueño de la noche de San Juan de W.S.
nunca fuimos angeles
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