En la recta final de mi tiempo de ocio y con la casa tan patas arriba como mi corazón, retomo en estas líneas el único rincón tranquilo donde ni las nubes ni la lluvia ni la gente me hacen llorar sin razón.
Después de haber vuelto a un pasado que aún existe y comprobar lo que he perdido pero aún tengo, vago a la deriva de la urbe que me envuelve, tratando de ordenar el caos emocional que me distingue.
Hoy es un día de cambios desde hace tiempo ansiados. Parece que sintiera que si algo se transforma desde fuera, sea más fácil mutar por dentro. Pero yo soy, al margen de los cambios más o menos.
Los fantasmas siguen intentando perturbar mi corazón de animalillo aislado y moribundo, mientras mi monstruo clama por liberarse del yugo de mi falta de cariño, ese al que me falto tantas veces.
Hoy parece que no acaba, y quiero ahogarme en un vaso de amoníaco, pero qué pasa?!?!?!
Corrámos un estúpido velo y a otra cosa
2 comentarios:
Hmm, desde luego los cambios nunca sientan bien pero, temo ser yo quien te lo diga, son tan necesarios que fallan cuando no es el momento adecuado para ellos... sobre los fantasmas, bien, tengo mi teoría, si se les da la espalda, se desvanencen.. no los alimentes
besos de lobo y bien venida
Hmm, desde luego los cambios nunca sientan bien pero, temo ser yo quien te lo diga, son tan necesarios que fallan cuando no es el momento adecuado para ellos... sobre los fantasmas, bien, tengo mi teoría, si se les da la espalda, se desvanencen.. no los alimentes
besos de lobo y bien venida
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