Tiene pies para salir corriendo.
Mi cabeza me dice con exactitud lo que mis pies deberían hacer, pero hay un señor que bombea sangre y emociones en mi cuerpo que, con su maldita vida propia, me ata los cordones y me hace tropezar.
Hay una piedra en mi zapato que tortura mi estado de ánimo, y hoy no me animo.
No pasa nada. Es la página. Hay que pasarla. Nada más eso.
Mañana me pondré la más bella sonrisa y le marearé un poco.
Quien no tiene cabeza... tampoco corazón
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