lunes, 27 de octubre de 2008


Huele a tierra mojada este otoño tardío que abre tímido sus puertas a los ocres y los rojos profundos y los cielos grises de melancolía.

Huele a nuevo en mi casa que se viste de gala para contenerme las ganas de salir volando hacia otros horizontes.

Huele al agridulce que la ansiedad deja en el quicio de mi alma para soliviantar mi voluntad.

Huele al café con leche de las mañanas de rutina sentada en mi pequeño rincón del mundo, mirando al universo.

Huele a despertares unísonos y cafeteras que borbotean en una canción de mañana en toda la escala de grises.

Huele al pan recién hecho de un día tan melancólico como agradecido como aletargado como musical como eterno como una exhalación.

Huele a la lluvia que se anuncia pero no se atreve que se atreve pero no termina que termina pero no aparece

Huele a cotidiano

A dulcemente rutinario a pausadamente otro día en el que ángel y demonio permanecen tranquilos cada uno en su guarida y me dan el día libre

2 comentarios:

Unknown dijo...

Huele a la bella Easo, recienhechas y calentitas, con las que acompañar al café con leche humeante.

Huele, no sé..., a tí.

lobo dijo...

Hmmm.. olores, olores, olores... buena pituitaria, "humana"