Hoy la muerte no tiene sentido más que para el que se queda en vida
Hoy le he perdido el miedo, porque el dolor no es después
Hoy he mirado con otros ojos el vacío que tantas veces me angustia
Ese de preguntarme cómo y cuándo y dónde y por qué
Hoy es más fácil vivir porque es más sencillo sonreírle al final de mis días
Sólo las personas que se fueron me atormentan, porque no he logrado aún dejar que se vayan del todo.
Y no es que tengan que desaparecer de mi recuerdo. Es más bien que ese recuerdo tiene que dejar de dolerme como un millón de agujas clavadas en el pecho con premeditación alevosía y deleite.
A veces no veo un claro futuro sin él. Otras pasa ya como una película que no me pertenece. Pero casi siempre me abate un dolor de entrañas arrancadas, de alma vaciada.
Y me pregunto si realmente algún día pasará o simplemente tengo que acostumbrarme, como el que aprende a vivir con una enfermedad crónica.
Vivo su ausencia sin resignación, algo que todo el mundo me dice que debería tener pero es que me duele, soy cabezota, y me duele con un agudo dolor físico en el centro del pecho, me drena la sangre, me inflama la rabia, me…
NO
Debería de una vez por todas dejar que se marche, colgar un bonito recuerdo en la pared de mi cuarto, adornarle un rincón privilegiado en mi recuerdo, y seguir amando su ausencia como amé cada una de las horas que compartimos desde el día en que me dio la vida.
Hoy le he perdido el miedo, porque el dolor no es después
Hoy he mirado con otros ojos el vacío que tantas veces me angustia
Ese de preguntarme cómo y cuándo y dónde y por qué
Hoy es más fácil vivir porque es más sencillo sonreírle al final de mis días
Sólo las personas que se fueron me atormentan, porque no he logrado aún dejar que se vayan del todo.
Y no es que tengan que desaparecer de mi recuerdo. Es más bien que ese recuerdo tiene que dejar de dolerme como un millón de agujas clavadas en el pecho con premeditación alevosía y deleite.
A veces no veo un claro futuro sin él. Otras pasa ya como una película que no me pertenece. Pero casi siempre me abate un dolor de entrañas arrancadas, de alma vaciada.
Y me pregunto si realmente algún día pasará o simplemente tengo que acostumbrarme, como el que aprende a vivir con una enfermedad crónica.
Vivo su ausencia sin resignación, algo que todo el mundo me dice que debería tener pero es que me duele, soy cabezota, y me duele con un agudo dolor físico en el centro del pecho, me drena la sangre, me inflama la rabia, me…
NO
Debería de una vez por todas dejar que se marche, colgar un bonito recuerdo en la pared de mi cuarto, adornarle un rincón privilegiado en mi recuerdo, y seguir amando su ausencia como amé cada una de las horas que compartimos desde el día en que me dio la vida.
La muerte no es sino la razón de la vida y viceversa.
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